Empieza con brochas suaves, esponjas secas y aspiración de baja potencia con filtros adecuados. Evita humedad hasta conocer la solubilidad. Prueba en áreas discretas y fotografía cada paso, para poder revertir decisiones si el pigmento responde mal o aparecen pérdidas imprevistas.
Cuando la pintura se pulveriza, aplica consolidantes compatibles y reversibles, testeados previamente por un conservador. Documenta concentraciones, tiempos y respuestas. Nunca repintes letras originales: la meta es estabilizar, no reinterpretar. Menos intervención hoy permite más estudio, opciones y disfrute público mañana.
Protege con barreras temporales, señalización y acuerdos con obras cercanas. Evalúa humedades, escorrentías y exposición solar. En casos necesarios, instala cubiertas discretas permeables al vapor o filtros UV no intrusivos, siempre con monitoreo periódico, registros abiertos y participación de la comunidad inmediata.